Me paro, te miro y entre murmullos te digo muchas de las palabras que me gustaría gritarte. No escuchas bien, entonces me acerco, me acongojo en tu pecho y empiezo a acariciarte.
Me paro, te busco y entre gritos percibo que ya no estás cerca. Mis murmullos parecen haberte ahuyentado, mis palabras parecen no haber sido efectivas y mis caricias no llegaron a traspasar tu piel, no llegaron a ninguna parte.
Ahora me paro, me miro y entre murmullos te digo: ¡Sálvame!
Y a la misma vez una voz que parece susurrar aún más bajito me dice las palabras que me gustaría que se llevara el viento, las palabras que no quería haber dicho nunca.
Una voz demasiado tenue pero con consistencia me dice:
Sigue adelante chica, que él no volverá más.
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